Una brisa susurra, ligera, entre los juncos;
Abro la puerta: es una lluvia de luna que invade el lago (…)
En esta noche profunda en la que hombres y cosas se ignoran,
Solos, mi cuerpo y mi sombra juegan.
El oleaje nocturno dibuja versos de tierra sobre la orilla;
La luna que se cae, se agarra a los sauces como araña suspendida

(Su Che, 1035-1100)

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