“El sufrimiento es penoso, evidentemente, y es normal que tratemos de evitarlo. Pero si no sufriéramos, nunca tomaríamos por nosotros mismos la decisión de transformarnos. Y como de todos modos es imposible escapar del sufrimiento, en vez de rebelarnos contra él, debemos comprender su utilidad, porque es un fuego que quema las impurezas.
El fuego posee una propiedad que es preciso conocer: jamás destruye lo que es de igual naturaleza que él. En el instante en que penetra en el hombre, sólo quema sus impurezas; la materia que es pura no se consume, resiste al fuego y se vuelve luminosa porque vibra al unísono con él. Es esta materia la que constituye nuestro cuerpo de gloria, nuestro cuerpo de luz del que hablan las Escrituras. Cuando el Iniciado consigue encender el fuego divino en su interior, éste abraza la materia de su ser y la hace brillar como un sol.”
Omraam Mikhaël Aïvanhov

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