“Cómo son los seres, aquí y ahora, no es algo que interese demasiado a un Maestro espiritual. Lo que él se esfuerza en ver, son las divinidades en las que estos seres se convertirán un día. Cada vez que se encuentra con ellos, piensa en esta chispa divina, escondida en ellos, y que espera el momento en el que, por fin, tenga las condiciones para manifestarse. Ésta es la más elevada expresión del amor: saber conectarse con la chispa divina presente en cada criatura, para alimentarla y reforzarla.
¡Qué diferentes serían las relaciones entre los humanos si, cuando se encuentran, pudiesen pensar que el hombre o la mujer que tienen ante ellos, es el depositario de una chispa surgida del fuego divino! Incluso en un criminal, hay que buscar esta chispa para tratar de reavivarla. Esto no siempre es posible, pero al menos hay que intentarlo. No siempre sabemos por qué ciertos seres se han dejado arrastrar por una mala pendiente, y tampoco sabemos lo que un día puede enderezarles y reavivar de repente la chispa que hay en ellos. Por eso nunca debemos emitir un juicio definitivo sea sobre quién sea.”
Omraam Mikhaël Aïvanhov

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