Hay hombres que son ríos y mujeres que son selvas, hay paradojas como que el hacha que derriba el árbol sea la génesis de la guitarra, de la cuna o de la mesa donde el pan de la vida se desata.

Hay senderos en los cerros que no conducen a ningún lado, sin embargo nos ayudan a encontrar el camino espiritual de la Pachamama.

Hay silencios de amautas que nos revelan la palabra emancipadora y hay oro y oropeles que todo lo que tocan lo empobrecen

Hay perros callejeros que transforman la intemperie en hogar y caballos salvajes que nos inculcan que en la euforia natural reside la belleza interior.

Hay ecos de ausencia en la casa de adobe y oraciones de los antiguos en lo que calla la piedra.

Hay horizontes perdidos en cada cuerda de guitarra y gorriones cotidianos que nos informan que en el cielo no hay pobreza.

Hay plegarias para putas y tangos para vírgenes, brújulas que nos indican el norte e islas que son como imanes del sur

Hay una historia contada por los verdugos y una historia cantada por los descalzos.

Hay quien recoge las uvas (y muy pocas veces ha probado su vino) y hay quien sólo prueba su vino y jamás ha conocido la vida que cabe en una uva.

Hay cristos indios y judas civilizados, hay vientos que mueven sólo molinos y vientos que promueven tempestades en los corazones libres.

Hay pianos que tan sólo son pianos y hay pianos que son templos.

Hay llamadas perdidas y hay chasquis que desde hace siglos están intentando darnos un mensaje ancestral.

Hay puentes viejos que los profetas de la velocidad no se detienen a escuchar y hay ramas de árboles sagrados que acarician al viento como el minero a sus hijos.

Hay voces que nunca se permiten ser jilgueros.

Hay  gente que le pone anclas al mundo y gente que le pone alas a la vida.

Hay quien aprende a callar cuando comprende que en el desierto no hay pájaros que canten.

Hay quien sabe que el fantasma es la zamba que no consiguió corregir el silencio cultural de tantos años.

Hay quien no toma conciencia que la primavera también sucede en el patio de la cárcel.

Hay baqueanos que nos guían en el monte y hay sucesos en la vida que nos hacen rastreadores de los misterios del alma.

Hay ladridos en la noche y hay silencios hechos por animales consagrados a la fauna de las soledades.

Hay ruinas colmadas de esperanzas y hay ciudades que no son otra cosa más que escombros.

Hay caminantes que logran entender el confín como un nuevo nacimiento

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