“Existe un misterioso Poder indefinible que todo lo penetra. Puedo sentirlo, aunque no pueda verlo. Es este Poder invisible el que se hace sentir, pero desafía cualquier prueba, ya que es completamente distinto de todo aquello que puedo percibir con mis sentidos. Trasciende los sentidos. Pero es posible razonar la existencia de Dios hasta un cierto límite.

Puedo percibir vagamente que mientras todo está cambiando y muriendo a mi alrededor, existe bajo todo este cambio un Poder Vivo que es inmutable, que lo mantiene todo junto, que crea, que disuelve y que recrea. Este Poder o Espíritu animador es Dios; y así como nada de lo que yo pueda percibir con mis sentidos puede persistir ni persistirá, Él solamente es.

¿Y este poder es benévolo o malévolo? Yo lo veo como puramente benévolo, ya que puedo percibir que en el corazón de la muerte persiste la vida; que la verdad persiste en el corazón de la mentira; que en el corazón de la oscuridad persiste la luz. De aquí deduzco que Dios es Vida, Verdad, Luz. Él es Amor. Él es el Dios Supremo”.

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