Quien busca la sabiduría, debe desafiar y vencer sus cuatro enemigos naturales: el miedo, la claridad, el poder y la vejez. Claves para encontrar la plenitud de la mano de las enseñanzas de Don Juan. Carlos Castaneda.

Hace poco, atravesando una de esas pequeñas crisis que lo tumban a uno de las nubes en que se monta, volví a recordar los cuatro enemigos de los que el chamán Juan Matus le habla a su aprendiz Carlos Castaneda, en el libro Las enseñanzas de Don Juan, una hermosa alegoría sobre el camino de la vida. Empecemos por decir que estos cuatro enemigos son los retos a enfrentar para logar la sabiduría, ese conocimiento del corazón, que revela la plenitud de lo que somos. Para Don Juan, un hombre o mujer que busca la sabiduría, “debe desafiar y vencer a sus cuatro enemigos naturales”.

 

EL MIEDO

Dice Don Juan que cuando uno empieza a conocerse a sí mismo y a la vida, “uno aprende así, poquito a poquito al comienzo (…) Lo que se aprende no es lo que uno creía (…)Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo!”.

¿No nos pasa eso frente a todo lo esencial: el amor, el sexo, la vocación, la profesión, la espiritualidad, la familia? En cada comienzo llegamos a un punto de vértigo, de indefensión, de pequeñez,  un umbral donde se requieren confrontaciones, verdades, saltos al vacío. Hay que saber que el miedo acechará siempre a las puertas de lo que vale la pena, justo allí donde hay algo importante para aprender.

Pero “si el hombre echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda (…) Llegará a ser un maleante o un cobarde cualquiera, un hombre vencido”. Cada que el miedo nos vence, aquel ámbito de nuestra experiencia queda viciado, se vuelve mentiroso. Solo miren los amores donde ganó el miedo, los talentos que venció la cobardía. Muchas personas quieren ser felices, pero no están dispuestas a arriesgarse para serlo. La felicidad no es para los cobardes.

¿Qué hacer frente al miedo? Don Juan responde: “La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje”. Don Juan nunca habla de negarlo, sino de “no correr”, “dar el siguiente paso”, “estar lleno de miedo”, pero sin detenerse. Hay que saber que el miedo va a estar ahí, y aprender a caminar con él, no creerle ciegamente, quitarle la corona y convertirlo en nuestro amigo. Cuando trascendemos el vértigo llega el segundo enemigo.

 

LA CLARIDAD

Una “claridad de mente (…) que dispersa el miedo, pero también ciega (…) fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo ve con claridad (…) pero todo eso es un error, y si el hombre se rinde a esa ilusión, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender”.

Enceguecidos por la claridad no vemos, no dialogamos, no nos transformamos. Nos quedamos atascados en una forma de ver las cosas. Nos volvemos “torpes para aprender”. El terapeuta deja de observar, el filósofo deja de preguntar, el amante se aletarga en la certeza del amor. El mundo está lleno de personas intoxicadas con su propia claridad, convencidas de su saber, de “sabiondos” que se conformaron con muy poco.

¿Qué hacer entonces? “Desafiar la claridad (…) pensar, sobre todo, que (…) es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo”. No se puede creer en la claridad, hay que tener muy presente que uno nunca llega a la verdad. Se necesita mente de principiante: una actitud abierta y fresca. El nuestro es solo un punto de vista y el saber una vastedad interminable.

 

EL PODER

“Es el más fuerte de todos los enemigos, (…) el hombre es de veras invencible. Él manda; empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas (…) Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto (…) su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso”.

Son pocos los que llegan a sentirse poderosos. Pero más pocos los que son capaces de conservar el corazón intacto. “Crueles y caprichosos” nos vuelve el poder. Nos usa, maneja nuestro ego, temeroso y voraz, como una dócil marioneta; más dócil mientras más poderoso se siente el susodicho.

¿Qué hacer frente al poder? “Desafiarlo, con toda intención (…) darse cuenta de que (…) no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas (…) ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores”. Cuando tenemos poder es cuando más atentos tenemos que estar, porque este es el enemigo más difícil. Y solo hay una fuerza que puede contrarrestarlo: la humildad. El mejor antídoto contra el poder es el servicio.

 

LA VEJEZ

“El más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo”. Porque tarde o temprano nos gana el tiempo. Cada proceso llega a la muerte: el dictador termina exiliado, al gerente le llega su jubilación, al león lo desplaza un nuevo.

Pero tenemos un margen. Podemos envejecernos antes de tiempo o podemos luchar un poco para ver la plenitud de la vida. Don Juan dice que “este es el tiempo en el que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar (…) habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja”.

Hay muchas personas envejecidas prematuramente. Ya lograron mucho y la vida perdió el sentido. Se sientan en su cumbre polvorienta a esperar la muerte. Cuando eso pasa es menester sacudir el cansancio, desacomodarnos, buscar un poco de caos y disponernos a vivir el destino hasta el final. Se necesita una gran disciplina para esperar a la muerte jugando y luchando.

 

 

 

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